El lunes pasado,
18 de noviembre del 2019, fue para mí, el final de una prueba que Dios dispuso en
mi área profesional.
Creo que las
cosas se comenzaron a dañar en el 2014. Tengo que reconocer que, aunque obre de
buena fe y con buena intención, cometí varios errores y Dios se ha encargado de
corregirme, de educarme. Uno de mis errores fue no reconocer los errores
cometidos, suena redundante pero así fue, ha sido un rasgo de mi personalidad
con el que he luchado desde niña, evadir la responsabilidad de las cosas malas
que he hecho, ser asolapada, Dios me ha enseñado a dar la cara a hablar de
frente y a reconocer que me equivoqué.
Mi vida
profesional hasta el 2014 la podría catalogar como exitosa, gracias a Dios he
tenido empleo desde que me gradué como ingeniera de sistemas, las personas con
las que he trabajado han creído en mis talentos y había logrado hacer muchas
cosas en las que a veces dudaba de mí, pero en general todo había salido bien.
Hasta que, en el 2014, espero no errar en la fecha, se descubrió un error en
algo que hice, una colega lo detectó, actué mal al evadir la responsabilidad de
que era yo la que no había detectado el error, y algunas personas hasta
pensaban que la culpable era mi compañera, perdón Señor por esto. Y bueno las
cosas no comenzaron a ir muy bien, se me fue quitando poco a poco el trabajo
que realizaba, el programa que había construido con otras personas, del cual me
sentía orgullosa, dijeron que ya no iba más, que lo iban a dejar de vender, que
tenía muchos errores, que el lenguaje en el que estaba hecho era muy viejo, en fin,
dejaron de venderlo, no se hicieron nuevos desarrollos.
En lugar de éste
se creó uno nuevo. Pensé que me iban a despedir, tuve la ilusión de poder
participar en la creación del nuevo programa, pero no fue así, contrataron a un
tercero que lo hizo, contrataron a otra persona para que lo administrara, en fin,
me dejaron por fuera.
Comencé a dudar
de mis capacidades como ingeniera, comencé a sentirme inútil laboralmente, pero
no podía renunciar. A esto se suma que me cambiaron de jefe y de área. Fue difícil
el cambio, traté de tener la mejor actitud, pero fue un proceso doloroso, lloré
en algunas ocasiones, pero a la final fue lo mejor, fue una bendición.
Estuve mucho
tiempo calentando silla, como dicen por ahí, haciendo cosas pequeñas,
repetitivas, las hacía de buena gana, a veces no tenía nada para hacer, así que
estudiaba para pasar el tiempo porque no podía renunciar.
Comencé a perder
el sentido de mi profesión y de lo que hacía, hasta me incomodaba decir que era
ingeniera, decía “trabajo como ingeniera”, cuando me preguntaban las tareas que
realizaba en la empresa pues a veces ni sabía que decir, pensaba para mis
adentros, “perder el tiempo”, pero pues claro que no podía decir eso.
Pienso que Dios permitió
todo esto para formar mi carácter como profesional, hace unos meses sentí en oración
que Dios me decía que se venían bendiciones para mi vida y sentí que eran a
nivel profesional. Confieso que con la bendición vinieron algunas dificultades,
mucho estrés, pensar que no sería capaz, evadir la tarea. Pero yo oraba
diciendo Señor ayúdame a hacer esto, aprendí que las cosas toman su tiempo, que
encontrar la soluciones toman su tiempo, y las cosas no siempre funcionan ni a
la primera ni a la segunda ni a la tercera, debes intentarlo varias veces.
En mi oración también
decía, Señor que todo esto que estoy haciendo sea para tu gloria, para
glorificarte a ti, todavía lo digo. El lunes pasado cuando mi jefe me manifestó
lo que habían dicho del sitio que hice, y ver como esto ha ayudado al trabajo
de alguien, porque para eso es la tecnología; sentí la confirmación plena de la
bendición profesional que Dios me ha devuelto.
Es posible que en
el futuro haya nuevas pruebas y dificultades, pero hoy puedo decir que Dios es
muy buen conmigo, que todo lo que soy en todas las áreas de mi vida depende de Él
y son para darle la gloria a Él. Gracias Señor por tus bendiciones, te sigo
entregando mi vida y todo lo que soy para que tu nombre sea glorificado y
muchos sepan que tú eres el Señor, el Dios bueno que solo sabe amarnos.

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