Historia Felicita y Sor Juanita






Felicita era una niña común y corriente, vivía con sus papás en Medellín, y era una niña muy feliz.

Pero un día algo terrible sucedió en su vida, ese día ella iba de paseo con sus papás, cuando de pronto su papá que iba conduciendo perdió el control del vehículo y cayeron por un precipicio.

De este terrible accidente solo quedó viva Felicita que fue rescatada por un grupo socorristas que no pudieron encontrar a más familiares de la niña. Como se podrán imaginar Felicita sufrió mucho, y como nadie podía cuidarla la llevaron a Bienestar Familiar donde le brindaron muy buenos cuidados. Poco a poco Felicita se recuperó del accidente, sin embargo en su corazón quedó el vacío de la pérdida de sus papás que la amaban tanto.

Un día en el hogar de Bienestar Familiar fueron a visitar a los niños un grupo de monjitas que iban a hablarles a los niños de Dios. Entre estas monjitas había una que se llamaba Sor Juanita, esta monjita sentía un cariño muy especial por los niños y le encantaba contarles las historias de la biblia.

- Hola niños como se encuentra el día de hoy
- Muy bien
- Yo me llamó Sor Juanita y he venido con mis otras hermanas monjitas a contarles una maravillosa historia que está en la Biblia.
- ¿De qué se trata la historia Sor Juanita? -preguntó Felicita-
- Es sobre una ovejita. Ésta es la historia niños.

Había una vez un pastorcito, que tenía un rebaño muy numeroso, éste rebaño era tan numeroso que alcanzaba la gran cifra de 100 ovejas.

Éste pastor era muy dedicado y cuidaba muy bien a sus ovejitas y las conocía por su nombre, y resulta que una vez que estaba con su rebaño en el campo el pastorcito comenzó a hacer el conteo de las ovejas, como eran tantas se demoraba un poquito, y empezó Juana, Fulgencio, Lucrecia, Román...y así hasta que llegando a la oveja 100 vio que le faltaba Gumersinda..

- Donde estará esta oveja descarriada, seguro que se fue a explorar y se perdió.

De inmediato, el pastor encargó a otro pastor amigo suyo para que cuidara a su rebaño mientras él iba a buscar a Gumersinda.

Y camino, y camino, por muchas horas, hasta que a lo lejos vio a la ovejita que estaba herida y tendida en el suelo, el pastor se acercó a la oveja, la cogió en sus brazos, le dio una medicina la puso en sus hombros y camino con ella hacia donde estaba el resto del rebaño. Gumersinda se recuperó pronto, y en adelante en sus aventuras de exploración tuvo más cuidado de no estar muy lejos del rebaño.
- ¿Cómo les pareció la historia niños?
- Muy buena, cuéntanos otra Sor Juanita
- Pronto volveré y les contaré otras historias niños, pero lo importante niños es que comprendan que Dios es como el pastor de la historia, y nosotros somos sus ovejitas. Dios nos cuida siempre niños, y así nosotros nos alejemos de Él, Dios siempre nos buscará y rescatará cuando estemos en problemas.

Felicita quedó cautivada por esta historia, entonces se le acercó a Sor Juanita y le contó la historia de su vida y la pérdida de sus papás, y le dijo que ellas a veces se sentía como esa ovejita y que necesitaba que Dios fuera en su rescate. Sor Juanita le explicó a Felicita que Dios la amaba muchísimo y que tanto la amaba que le había dado una nueva oportunidad para vivir. A Felicita le impactaron mucho estas palabras y no pudo dormir pensando en que existía un Dios que la amaba y que había cuidado su vida.

En los días siguientes Sor Juanita fue a visitar todos los días a Felicita y le contaba otras historias de la Biblia, que hacian que Felicita creyera cada vez más en el amor de Dios y en la gran oportunidad que tenía para ser una niña feliz. Y así la niña y la monjita se hicieron muy buenas amigas.

Un día Sor Juanita fue a visitar a Felicita, pero no le tenía muy buenas noticias a la niña, pues iba para despedirse de ella. Sor Juanita era una monjita misionera y ya era tiempo de ir a otro lugar del mundo a hablarles a otros niños acerca del amor de Dios. Felicita lloró mucho y le rogo a Sor Juanita que no se fuera, o que la llevará con ella, pero Sor Juanita le dijo que eso era imposible, no podía quedarse y menos llevarla con ella.

Ese día Felicita se acostó muy triste y lloró mucho, entonces comenzó a recordar todas las historias que le contaba Sor Juanita acerca de Dios, y se dijo:

Ya sé lo que voy a hacer, Sor Juanita me dijo que lo que pedía era imposible y por lo que ella me ha contado Dios es el único que pueda hacer posible lo que no lo es, entonces hizo esta oración: Querido Dios, aunque no es que tengamos la mejor relación del mundo yo creo en Tí, y por lo que me ha dicho Sor Juanita tu eres un Dios poderoso y todo es posible para Tí, por eso eres mi única opción, hoy te quiero pedir un favor muy especial y si tu quieres, puedes concedérmelo, necesito que por favor Sor Juanita se quede conmigo, por favor, no quiero separarme de ella o si ella no se puede quedar que por favor yo pueda ir con ella a donde tu la envías. Gracias por todo. Amén

Felicita se quedó dormita y tuvo un sueño: soñó que estaba en un lugar muy lindo, y allí estaban sus papás, y también un señor que tenía una cara muy luminosa y hermosa, este Señor le dijo: Felicita lo que has pedido ha sido concedido porque te amo demasiado.

Al día siguiente, muy tempranito sonó el timbre del hogar, Felicita se despertó al instante y reconoció la voz de Sor Juanita hablando con la directora del hogar. Felicita corrió a encontrarse con Sor Juanita pues quería saber que hacia ella ahí todavía, pues su viaje era ese mismo día en la mañana. Sor Juanita le contó a Felicita, como ella había hablado con la madre superiora y le había pedido, suplicado, que permitirá que ella, Felicita, fuera parte de la comunidad de misioneras, la madre lo pensó mucho...y le dijo que en la mañana le daría una respuesta. En la mañana Sor Juanita le preguntó cual era la respuesta y la madre le dijo que sí, que accedía a su petición, entonces venía por ella para irse juntas a otro país a contarles a otras personas acerca de Dios, y de su amor. Felicita no lo podía creer, en verdad para Dios no había nada imposible, y llena de felicidad se fue a su cuarto a hacer la maleta. Cuando llegó a su cuarto de inmediato se arrodilló y comenzó a agradecerle a Dios por esta nueva oportunidad que le daba, y por primera vez sintió que el vacío de sus padres ya no estaba, pues Dios lo había llenado con su amor; por primera vez Felicita tuvo la completa certeza de que Dios la amaba profundamente y que Él le daría una vida llena de felicidad.

Desde ese día la vida de Felicita ya no fue la misma.....

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