Todo depende de como estes por dentro, se reciben las cosas según como estás en tu interior.
Cuando tenemos un encuentro personal con Jesucristo, la forma de ver la vida cambia, y el Señor comienza en nosotros un proceso de acondicionamientos para dos cosas una para que seamos más felices y dos para que podamos servir en la construcción del Reino.
En este proceso como ya algunos saben se pasa por un etapa de enamoramiento donde todo es maravilloso, todo nos parece tan nuevo, tan alegre, en nosotros hay una fuerza que nos hace querer servir a todas las personas, y tenemos la certeza de que podemos cambiar al mundo. Cuando este momento eufórico pasa, comenzamos a ver las cosas con más calma y comenzamos a comprender mucho mejor que las cosas de Dios pasan por un proceso y que apenas estamos al comienzo de un camino que tiene mucho trecho, como decimos en mi tierra.
También nos vamos haciendo conscientes de ciertos comportamientos que tenemos, que están muy arraigados en nosotros y que antes los veíamos como buenos, como normales, pero con la luz del Espíritu nos damos cuenta de que no es así, y nos enteramos de que el Señor tiene muchas cosas que sanar en nosotros, muchos cambios se deben hacer, necesitamos de muchas adecuaciones, reformar algunas cosas, volver a hacer otras, adquirir otras más.
Es aquí donde comenzamos a cooperar con el proceso de sanación o restauración interior que el Señor comienza a obrar en nosotros, y digo cooperar porque somos conscientes de las cosas que deben ser corregidas en nosotros, y ahí es cuando acudimos a un seminario de sanación o de restauración, al saber que necesitamos que el Señor nos vuelva a hacer por dentro. Personalmente mi cooperación partió de las cositas que el Señor me fue mostrando que me atajaban para ser una mejor persona y una mejor servidora. Por gracia de Dios supe que el Señor tenía que modificar muchos de mis patrones de comportamiento, pero que yo debía pedirle que lo hiciera y también tomar la decisión de cambiar.
Es así como me di cuenta de que las cosas que las personas me hacen me afectan en la medida como yo las asuma y esto depende de como esté en mi interior, depende de la imagen que yo tenga de mi misma. Hay una historia que ilustra muy bien lo que trato de decir, me la narró mi mamá y ella se la escuchó a un teólogo cuando daba una charla para familias, es esta:
Había una vez un hipopótamo que estaba en la selva, entonces un miquito que le tenía bronca le dice a sus amigos micos, miren ahí viene este hipopótamo, van a ver como lo hago enojar, y comienza a decirle: oye hipopótamo, pero que gordo estas, mira que panzota tienes, jajaja que gordo eres. Pero el hipopótamo no le hizo caso y siguió a reunirse con sus amigos hipopótamos entonces sus amigos le dice: amigo no le vas a decir nada a este mico que te está molestando. A lo que responde él: y yo porque le voy a decir algo, si lo que dice es verdad.
Entonces el mico al ver que su burla no surtía efecto en el hipopótamo buscó la manera de hacerlo enojar al día siguiente. Al otro día cuando el hipopótamo pasaba por el mismo lugar, en donde el mico se reunía con sus amigos le dice burlándose: oye mico pero que flaco y desgarbado estas, jajaja, que feo eres así todo flaco y desnutrido. Pero el hipopótamo siguió su camino como si no fuera con él. Cuando llegó donde sus amigos hipopótamos, le dicen ellos, que lo había visto todo: no te vas a defender de ese mico que nuevamente se burla de ti; a lo que el hipopótamo les responde: pues no, porque lo que dice es una mentira.
Con este sencillo cuentecito se me confirmó lo que he hablado con mis hermanos de comunidad y sobre lo que he reflexionado mucho, y es que definitivamente nosotros reaccionamos a lo que los demás nos hacen o nos dices dependiendo de como estamos por dentro. Si hay heridas en nuestro corazón, si tenemos odio o rencor por alguien, reaccionaremos a la defensiva y de forma agresiva, pero en cambio si nos sentimos profundamente amados por Dios, y sabemos que Él nos ama como somos, que nos acepta como somos, que somos valiosos, muy valiosas para Él, al punto de que entregó su propia vida por nosotros, entonces nuestras reacciones serán tranquilas, podremos pensar en que la persona que nos agrede tal vez tiene más problemas que nosotros, en fin reaccionamos como lo haría Jesús.
La invitación entonces es a que nos dejemos sanar, restaurar y moldear por el Señor, en la medida en que cooperemos con Él en este proceso, seremos mejores personas, podremos actuar de forma contraria a como el mundo nos lo dicta, y vivir más a la manera de Cristo.
Cuando tenemos un encuentro personal con Jesucristo, la forma de ver la vida cambia, y el Señor comienza en nosotros un proceso de acondicionamientos para dos cosas una para que seamos más felices y dos para que podamos servir en la construcción del Reino.
En este proceso como ya algunos saben se pasa por un etapa de enamoramiento donde todo es maravilloso, todo nos parece tan nuevo, tan alegre, en nosotros hay una fuerza que nos hace querer servir a todas las personas, y tenemos la certeza de que podemos cambiar al mundo. Cuando este momento eufórico pasa, comenzamos a ver las cosas con más calma y comenzamos a comprender mucho mejor que las cosas de Dios pasan por un proceso y que apenas estamos al comienzo de un camino que tiene mucho trecho, como decimos en mi tierra.
También nos vamos haciendo conscientes de ciertos comportamientos que tenemos, que están muy arraigados en nosotros y que antes los veíamos como buenos, como normales, pero con la luz del Espíritu nos damos cuenta de que no es así, y nos enteramos de que el Señor tiene muchas cosas que sanar en nosotros, muchos cambios se deben hacer, necesitamos de muchas adecuaciones, reformar algunas cosas, volver a hacer otras, adquirir otras más.
Es aquí donde comenzamos a cooperar con el proceso de sanación o restauración interior que el Señor comienza a obrar en nosotros, y digo cooperar porque somos conscientes de las cosas que deben ser corregidas en nosotros, y ahí es cuando acudimos a un seminario de sanación o de restauración, al saber que necesitamos que el Señor nos vuelva a hacer por dentro. Personalmente mi cooperación partió de las cositas que el Señor me fue mostrando que me atajaban para ser una mejor persona y una mejor servidora. Por gracia de Dios supe que el Señor tenía que modificar muchos de mis patrones de comportamiento, pero que yo debía pedirle que lo hiciera y también tomar la decisión de cambiar.
Es así como me di cuenta de que las cosas que las personas me hacen me afectan en la medida como yo las asuma y esto depende de como esté en mi interior, depende de la imagen que yo tenga de mi misma. Hay una historia que ilustra muy bien lo que trato de decir, me la narró mi mamá y ella se la escuchó a un teólogo cuando daba una charla para familias, es esta:
Había una vez un hipopótamo que estaba en la selva, entonces un miquito que le tenía bronca le dice a sus amigos micos, miren ahí viene este hipopótamo, van a ver como lo hago enojar, y comienza a decirle: oye hipopótamo, pero que gordo estas, mira que panzota tienes, jajaja que gordo eres. Pero el hipopótamo no le hizo caso y siguió a reunirse con sus amigos hipopótamos entonces sus amigos le dice: amigo no le vas a decir nada a este mico que te está molestando. A lo que responde él: y yo porque le voy a decir algo, si lo que dice es verdad.
Entonces el mico al ver que su burla no surtía efecto en el hipopótamo buscó la manera de hacerlo enojar al día siguiente. Al otro día cuando el hipopótamo pasaba por el mismo lugar, en donde el mico se reunía con sus amigos le dice burlándose: oye mico pero que flaco y desgarbado estas, jajaja, que feo eres así todo flaco y desnutrido. Pero el hipopótamo siguió su camino como si no fuera con él. Cuando llegó donde sus amigos hipopótamos, le dicen ellos, que lo había visto todo: no te vas a defender de ese mico que nuevamente se burla de ti; a lo que el hipopótamo les responde: pues no, porque lo que dice es una mentira.
Con este sencillo cuentecito se me confirmó lo que he hablado con mis hermanos de comunidad y sobre lo que he reflexionado mucho, y es que definitivamente nosotros reaccionamos a lo que los demás nos hacen o nos dices dependiendo de como estamos por dentro. Si hay heridas en nuestro corazón, si tenemos odio o rencor por alguien, reaccionaremos a la defensiva y de forma agresiva, pero en cambio si nos sentimos profundamente amados por Dios, y sabemos que Él nos ama como somos, que nos acepta como somos, que somos valiosos, muy valiosas para Él, al punto de que entregó su propia vida por nosotros, entonces nuestras reacciones serán tranquilas, podremos pensar en que la persona que nos agrede tal vez tiene más problemas que nosotros, en fin reaccionamos como lo haría Jesús.
La invitación entonces es a que nos dejemos sanar, restaurar y moldear por el Señor, en la medida en que cooperemos con Él en este proceso, seremos mejores personas, podremos actuar de forma contraria a como el mundo nos lo dicta, y vivir más a la manera de Cristo.
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